Participación Laboral Femenina en Chile

Bueno, no hubo mucho quorum respecto a la primera encuesta, tal vez el tema no era muy interesante, debido a la comparación entre las visitas y el número de votos que sólo alcanzó a 3. Independientemente de lo anterior, la respuesta correcta es la primera alternativa: Chile tiene la tasa de participación femenina más baja en el mercado de trabajo respecto a América Latina, respuesta que obtuvo un voto. La alternativa n° 3 obtuvo 2 votos, y corresponde al pensamiento general que se tiene respecto a este tema. Sin embargo, ese pensamiento está muy lejos de la realidad. En Chile la participación femenina en el mercado de trabajo es de 53,7% en comparación al total regional que alcanza el 58,4%. El país que presentó la participación laboral más alta en el 2004 fue Perú, con un 67,7% y en la actualidad el país con mayor participación es Venezuela (¿paradójico?).

Resulta Interesante entonces, conocer la realidad chilena, acerca de que sea el país de América Latina con la menor participación laboral femenina, aun cuando el crecimiento económico sea sostenido o existan condiciones económicas favorables para el acceso femenino al mercado de trabajo. De manera que nos preguntamos, por qué entonces las mujeres chilenas no se insertan, proporcionalmente que el resto de sus pares latinoamericanas, al mercado de trabajo? Conozcamos algunos puntos importantes respecto a esto.

 Los principales factores que inciden en la menor participación laboral que alcanzan las mujeres chilenas, son: el cuidado infantil, la clase social, las políticas públicas y sociales, el imaginario masculino de algunos empresarios, y la medición estadística de la actividad laboral femenina. 

El más importante de ellos es la clase social,  luego le sigue el cuidado infantil. La participación laboral femenina difiere según la clase social a la que se pertenece, dándose la paradoja de que es menor en los estratos socioeconómicos más bajos, aun cuando la necesidad de trabajo es mayor. Las mujeres de clase alta, trabajan mucho más remuneradamente que las mujeres de clases medias y bajas, diferenciándose además por los niveles educativos que alcanzan, ya que las mujeres de clase alta tienen mayores oportunidades de educación superior y de postgrado, ingresando a carreras con mayor status, y por ende con mejores ingresos y expectativas laborales.

Si bien las mujeres de estratos más bajos, que son jefas de hogar trabajan en su totalidad, alcanzando porcentajes considerables, no se comparan a la cantidad de mujeres del quintil más rico de la población que trabaja remuneradamente. Las mujeres más ricas doblan en ingresos a las mujeres más pobres. De modo que las mujeres del quintil más bajo de la población y que son jefas de hogar, es decir, quienes tienen que mantener a sus familias, no consiguen obtener trabajos estables y bien remunerados porque no poseen altos niveles de estudios, y porque el cuidado infantil de los hijos se les presenta como una carga de trabajo importante que la mayoría de las veces no pueden compatibilizar.

 Es así como los niveles educativos y las oportunidades de estudios, especializaciones y empleos, cubre una parte importante del escaso acceso femenino al mercado de trabajo. Además de ello, no hay políticas públicas sustanciales a los problemas anteriormente mencionados, como el cuidado infantil, ya que la creación de un mayor número de jardínes infantiles no soluciona el problema.

Finalmente, la competencia entre mujeres y hombres, respecto a los puestos de trabajo, produce brechas salariales significativas en relación al género. Las mujeres de estrato socioeconómico alto pueden llegar a competir con los hombres, quienes tienen mejores puestos de trabajo y mayores ingresos que las mujeres a nivel general. Las mujeres de clase alta, al tener mayores oportunidades de estudio, tienen mejores puestos e ingresos, pero aun cuando ello sucede, en la práctica los hombres ocupando el mismo cargo, doblan muchas veces el ingreso de las mujeres. No importa la calificación y la capacidad de las personas entonces, ya que las mujeres respecto a sus ingresos siempre salen perjudicadas.

 En el caso del quintil más bajo, las brechas salariales entre hombres y mujeres son menores, los ingresos son más homogéneos y no hay mayores diferencias. De manera que los rasgos más significativos se presentan en el caso del quintil más rico de la población.

Si bien estas características se presentan en varios de los países de América Latina, en Chile la situación es especial. La demanda de empleos es mayor en los hombres y sin embargo no se han creado nuevos empleos para ellos, y las mujeres siguen concentrándose en su mayoría y sobretodo en clases sociales medias y bajas en empleos considerados como femeninos, vinculados a la educación, la salud y los servicios en general. De modo que los trabajos de las mujeres se concentran específicamente en el tercer sector de la economía y la oferta de empleos se mantiene en ese sector. A su vez, los trabajos de las mujeres en toda América Latina han sido mayores en el sector informal que en el sector formal, si bien esto ha ido modificándose, el proceso ha sido muy lento, y sólo es manifiesto de la realidad de mujeres del quintil más rico de la población.

Es de esperar que surjan cambios importantes a nivel de acceso al mercado de trabajo, y no sólo de ello, sino que también de estabilidad y flexibilidad laboral. Ya que el hecho que las mujeres accedan a trabajos con horarios flexibles, no supera la doble joranada laboral y las brechas salariales de la que son parte.

Para concluir, el panorama que se evidencia con estos acercamientos es que el trabajo por mucho que sea un eje vinculador de integración a la sociedad (probablemente el más importante) es muy frágil en el caso de las mujeres, y al no lograr las mujeres insertarse en el mercado de trabajo, por medio del trabajo remunerado, la integración a la sociedad no es posible para ellas, y por ende se mantiene la ausencia de derechos, servicios, autonomía y poder, como factores importantes de considerar a la hora de sentirse integrado al todo social.

Finalizado mi primer tema publicado, quisiera saber qué piensan ustedes al respecto. Hago una invitación abierta para los lectores que se han tomado la molestia de leer mis escritos, a que comenten y dejen en evidencia lo que les parece el tema, lo que piensan o sienten.

Atentamente, Emilia Ainil (protegido por derechos de autor, investigación de tesis para optar al título de socióloga).

Participación Femenina en el Mercado de Trabajo chileno

Dado un artículo que estoy escribiendo para la u, me gustaría conocer sus percepciones acerca de si manejan información respecto a la participación femenina en el mercado de trabajo chileno actual, y junto a ello indagar en lo que creen respecto a la situación latinoamericana. De modo que ¿cómo creen que está posicionada la tasa de participacón femenina en Chile en comparación con el resto de América Latina?

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